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Todo tiene su final

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Es difícil de creer, pero ya han pasado 17 años desde que vimos una dinastía en las Grandes Ligas.

Con su victoria sobre los Mets en la Serie Mundial del 2000, los Yankees sellaron su tercer título consecutivo. Ahora surge la interrogante de si los Bombarderos bajo el mando del piloto Joe Torre a los finales de los años 90 fueron la mejor dinastía en la franquicia del Bronx.

Aquel equipo marcó la última vez que un club tuvo éxito en defender su corona y los Filis del 2009 fueron los últimos en estar cerca de repetir como campeones. Los tiempos han cambiado bastante desde aquel buen paso de los Yankees a finales de la década de los 90 y el mejor ejemplo de cómo operan los equipos de la Gran Carpa son lo que ahora varios denominan como los Baby Bombers del 2016 y 2017.

Ahora son mucho menos los jugosos contratos para los agentes libres de alto perfil — proceso que parecía ser una tradición para los Yankees cada invierno. Ahora la mayoría de los equipos prefieren invertir más en su sistema de Ligas Menores y desarrollar a aquellos prospectos para que brillen en el equipo grande o para que sean fichas de cambio — algo que ayudó a los Cachorros a romper su sequía de 108 años sin ganar un Clásico de Otoño.

Este proceso también impulsó a los Reales al éxito que les dio dos banderines de la Liga Americana y la corona de la Serie Mundial en el 2015. Pero esos mismos Reales también demuestran lo difícil que ahora es establecer una dinastía.

Pese a tener casi el mismo núcleo que los llevó a dos Clásicos de Otoño consecutivos, Kansas City en el 2016 ni logró llegar a la postemporada y terminó la campaña a 13.5 juegos de los Indios, campeones de la División Central y el Joven Circuito. Ahora los Monarcas deberán contemplar si vale la pena deshacerse de dicho grupo de piezas claves para comenzar otra vez una reconstrucción.

Muchos no han dejado de elogiar el proceso de los Cachorros liderado por el presidente de operaciones Theo Epstein, que culminó con un histórico triunfo en la Serie Mundial del 2016.

Aunque los Cachorros son un excelente candidato, pienso que pasará un buen tiempo para que volvamos a ver otro equipo conseguir campeonatos consecutivos.

Lo que hace difícil que Chicago revalide su corona esta campaña es que los demás clubes están practicando la misma astucia que ha estado de moda en los últimos años.

No cabe duda de que la mayoría de los aficionados prefieren ver a su equipo coronarse temporada tras temporada, pero creo que es más divertido ver a diferentes contendientes cada campaña y no sólo a los conjuntos con una enorme chequera.

Hace varios años vimos a los Piratas convertirse de nuevo en contendientes, antes de eso surgieron los Rojos y en recientes temporadas los Orioles y Azulejos se han establecido como potencias en la Liga Americana. Por su historial desde que llegaron a las Grandes Ligas, para mí era difícil imaginarme a los Rockies o los Rays disputar una Serie Mundial.

En las últimas tres temporadas hemos visto el meteórico ascenso de los Astros detrás de sus jóvenes estrellas.

¿Será posible que los Padres, Marlins, Bravos o D-backs tengan un repunte similar? ¿Será que los Marineros por fin podrán dar el siguiente paso?

Como lo demostraron los Cachorros, todo es posible. Así que los seguidores de cada equipo deben mantener el optimismo y para los seguidores del buen béisbol será bastante divertido.

Cambios en las reglas

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NUEVA YORK — Uno de los aspectos del béisbol que me llamó la atención desde el principio fue el enfoque que siempre hay en las tradiciones: Las festividades del Día Inaugural, las de cada fanaticada en sus estadios durante/después de un juego, etc.

Por eso hace varios años algunos estaban opuestos a la implementación de la repetición de video para verificar jugadas dudosas. Al final de cuentas esto ayudó a traer el béisbol al siglo 21 y mejorar la calidad del juego que vemos a diario — aunque siempre habrá controversias tras cualquier decisión de los umpires.

Al incorporar para esta campaña el pasaporte intencional sin tener que realizar ningún lanzamiento, surge otra vez la interrogante de cuáles reglas deben cambiar para “agradar a la afición moderna” y mejorar el ritmo del juego. Para mí esta regla nos niega varios momentos divertidos y curiosos que hemos visto en el pasado durante los cuatro pitcheos para otorgar un boleto intencional, pero en cuanto al ritmo del juego se refiere, no creo que marque una gran diferencia. Sin embargo, muchos se ofrecerían a dar su larga lista de sugerencias para acortar los juegos.

Lo que más me agrada es que los directivos de Major League Baseball no tienen miedo de contemplar hasta las ideas más extremas para modernizar el juego. Pero hay algunas propuestas que me parecen que son exageradas y hasta cierto punto absurdas.

Entre las más absurdas — que surgió en las redes sociales durante el partido de extrainnings entre los Mets y Marlins la semana pasada — es que deben permitirse los empates en los encuentros de temporada regular. A esto le doy un rotundo NO y creo que no necesito dar una explicacion.

Ahora entre las ideas más lógicas (aunque tampoco la respaldo) está comenzar la 11ma entrada y los siguientes episodios de ser necesario con corredores en la primera y segunda base, como lo vimos en el Clásico Mundial de Béisbol.

Aunque esta regla me dejó una espina clavada, pienso que no se debe aplicar porque se pierde un poco el suspenso y la estrategia que me gusta ver en el béisbol. Además, estos corredores en base hasta podrían demorar más el juego con los infinitos virajes que haría un lanzador.

Están en lo cierto en realizar modificaciones para atraer y mantener a los jóvenes aficionados, pero también hay que conservar algo del reglamento tradicional que hace del béisbol un deporte único. ¿En cuál otro deporte reinan las reglas no escritas?

Otro buen aspecto de estas sugerencias es que crea un interesante debate, también una de las maravillosas tradiciones del béisbol.

Rebosando con orgullo

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NUEVA YORK — Siempre surge un momento en el que reflexiono sobre la gran pasión que le tengo al béisbol viniendo de Colombia, un país en el que principalmente se vive el fútbol.

Mi interés por la pelota es una historia que tal vez cuente en otra ocasión, pero apenas comenzó mi gran atracción por este gran deporte, también empecé a soñar con el momento que se hizo realidad el fin de semana en el Clásico Mundial de Béisbol.

Estaba bien contento con sólo observar a mis compatriotas estar sobre el mismo terreno con superestrellas de las Grandes Ligas, pero no puedo describir el orgullo que sentí cuando vi que en cada uno de los tres partidos — aunque dos resultaron en derrotas — los colombianos dieron una gran batalla y hasta hicieron sudar a dos potencias como lo son la República Dominicana (los reinantes campeones) y Estados Unidos.

También obviamente debo destacar las presentaciones los ases José Quintana y Julio Teherán en Miami.

Desde que surgieron en la Gran Carpa he seguido cada una de sus salidas — aunque a veces, en el caso de Teherán, su éxito significaba mala suerte para el equipo que crecí apoyando. Siempre que veía al zurdo y al derecho demostrar su dominante forma, soñaba verlos hacer lo mismo vistiendo el nombre de Colombia en el pecho.

Por ahora siento un poco de tristeza tras ver lo cerca que estuvo esta selección de sorprender al mundo del béisbol. Pero eso no opaca la alegría de saber que cada momento del equipo colombiano en este Clásico Mundial es una muestra de que el béisbol colombiano tienen un gran futuro y tendré la fortuna de ver aún más jugadores de mi patria convertidos en figuras de renombre en las Grandes Ligas.

Debo agradecerle a cada miembro del equipo por dejar el nombre de Colombia bien en alto.

¡Viva Colombia!

 

¡A ponerse las pilas!

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NUEVA YORK — Estamos en la época del año en que hasta cada inning es de gran importancia y a veces recordamos los juegos que se escaparon a comienzos de la temporada.

Este es el caso para los Mets, que han comenzado a entrar en ritmo para aprovechar su favorable calendario en la recta final. Ahora que quedan pocos días en la temporada regular, la lucha por los dos Comodines de la Liga Nacional se ha puesto bien apretada con los Gigantes y Cardenales también buscando un cupo.

Pese a los varios altibajos y los fuertes golpes que ha tenido la rotación, es admirable lo que el conjunto de Queens ha hecho para llegar a estas alturas. Aunque no es ideal tener que sudar — y sufrir en el caso de los aficionados — puede ser que el tener que pelear hasta el último partido favorezca a los Mets.

Casi cada año vemos a un equipo encenderse en las últimas semanas de la campaña para llegar lejos en la postemporada, como ocurrió recientemente con el equipo de San Luis que ganó la Serie Mundial en el 2011 y los Reales que alcanzaron a obligar un Juego 7 en el Clásico de Otoño tras un inolvidable Juego del Comodín en el 2014.

Por eso, aunque todavía lo deben demostrar contra los equipos más “débiles”, pienso que si Nueva York llega a encenderse para el final de la temporada, aquel sería el impulso necesario para dar una gran sorpresa y convertirse en la versión 2016 de los Milagrosos Mets.

Se enfriaron los bates

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NUEVA YORK — Mucho se ha hablado de los problemas de Matt Harvey y tras su última presentación, muchos se preguntan si el estelar abridor de los Mets ya regresó a su alto nivel.

Creo que fui uno de los pocos que no se sintió tan preocupado al ver al derecho enfrentar estos obstáculos porque el resto de la rotación neoyorquina — Noah Syndergaard, Steven Matz, Jacob  deGrom y el dominicano Bartolo Colón — han estado dominando.

Más que los problemas de Harvey, lo que debería preocupar a los Mets y sus aficionados es el hecho de que la ofensiva se ha enfriado. Los mejores ejemplos de la inconsistencia del ataque neoyorquino son sus series contra los Rockies y contra los Padres.

Todos saben que el Coors Field de Colorado puede ser un paraíso para los bateadores pero este no fue el caso para los bates del conjunto de Queens. En una serie de tres compromisos del 13 al 15 de mayo, Nueva York anotó apenas nueve carreras y salieron barridos. En sus siguientes tres partidos en casa, los Rockies concedieron 20 carreras ante los Gigantes (incluyendo una derrota de 10-5) y Rojos (incluyendo una derrota de 11-8).

En su serie de cuatro encuentros contra los Frailes, quienes cuentan con un pitcheo que ha sido castigado por varios durante esta campaña, Nueva York anotó apenas 13 carreras. En su siguiente serie contra los Cachorros, San Diego permitió casi la misma cantidad (12 carreras) en apenas dos partidos.

Uno de los claros obstáculos ahora para los Mets es lo que los ayudó a marchar a todo motor unas semanas atrás, los jonrones. Su ataque dependió mucho de los vuelacercas y ahora que no están llegando, lo que ahora los pone en un bache similar al que vieron de junio y julio del año pasado antes de la llegada del cubano Yoenis Céspedes.

Pero lo más alarmante en estos momentos es su bateo oportuno. La ofensiva neoyorquina, que el 29 de abril armó un ataque de 12 carreras en una entrada contra los Gigantes, ahora ocupa el último puesto en todas las Grandes Ligas en promedio con hombres en base (.220) y son penúltimos en impulsadas (143) con hombres en base.

Vale la pena señalar que la alineación de los Mets ha sido afectada por las lesiones del inicialista Lucas Duda (espalda), el receptor Travis d’Arnaud (hombro derecho) y ahora el capitán David Wright, quién estará fuera por un largo período debido a un disco herniado en el cuello.

Sin embargo, pienso que todavía no es hora para que Nueva York comience a ver las alternativas en el mercado de cambios porque con los jugadores que tienen en su roster — el recién adquirido James Loney, el venezolano Wilmer Flores y hasta Kevin Plawecki si llega a entrar en un buen ritmo y hasta en las Ligas Menores en el infielder colombiano Dilson Herrera –tienen el suficiente talento para contribuir en un posible repunte de una ofensiva que detrás de Céspedes tiene el potencial de ser una de las mejores en la Gran Carpa.

¿Reconstrucción en el Bronx?

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NUEVA YORK — Para ningún conjunto en las Grandes Ligas ni para su fanaticada es fácil reconocer que comienzan o pasan por una etapa de reconstrucción. Pero algunos se atreverían a decir que para los Yankees aquella palabra no existe en su vocabulario.

Sin embargo, eso parece estar pasando en el Bronx. No está claro cuándo exactamente comenzó aquella fase, pero fue muy evidente en la temporada muerta cuando todos se fijaron que los Bombarderos fueron los únicos que no firmaron a un agente libre para su roster del equipo grande.

En vez, Nueva York se enfocó en realizar maniobras para inyectar un poco de juventud en su alineación titular y algo de estabilidad en algunas posiciones, como fue el caso de la llegada del dominicano Starlin Castro a la segunda base.

Lo que pudo haber fijado la etiqueta de reconstrucción en el uniforme rayado fue el hecho de que iniciaron el segundo mes de la campaña con su quinta derrota consecutiva para continuar en el sótano de la División Este de la Liga Americana.

Ya ha pasado un buen tiempo desde que los Yankees perdieron aquella presencia mística que tenían como aliado y les servía como algo de ventaja. Esto — además del hecho de que su club cuenta con varios veteranos que estarían ya en descenso — sería un factor que prolongaría el proceso de transición.

A pesar de los varios obstáculos, hace algunas semanas noté que los Bombarderos cuentan con algunas piezas jóvenes que se sienten bastante cómodas en el clubhouse y bajo la dirección de los veteranos podrían establecerse como los nuevos líderes que el equipo necesita para comenzar su camino hacia de nuevo ser contendientes en el Joven Circuito.

Se acerca una revolución

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Bryce Harper le pone un tono positivo al lema de un famoso candidato presidencial.

NUEVA YORK — Cuando comencé a interesarme en el béisbol, todos los sábados había un programa llamado This Week In Baseball que no me perdía. En aquel programa siempre tenían una sección de bloopers que siempre mostraba jugadas curiosas, pero también mostraba bastante a los jugadores haciendo cosas entretenidas en sus calentamientos, en la cueva y en el terreno.

Pero en los últimos años parece que algunos ligamayoristas se han olvidado de dejar salir un poco su personalidad, sólo enfocándose en su trabajo como peloteros. Claro que los jugadores deben tomar su profesión en serio y más con los elevados contratos que se siguen otorgando. Pero creo que siendo un juego, en el béisbol también hay espacio para tener un poco de estilo.

Pienso que todas las generaciones que siguen las Grandes Ligas han visto varias imágenes del Salón de la Fama Ozzie Smith haciendo volteretas cuando su equipo entraba al terreno. A veces me imagino la controversia que surgiría por eso en el presente, de seguro un jugador de antaño dejaría caer fuertes críticas y uno de sus rivales se ofendería y hasta realizaría un lanzamiento pegado.

Por eso me gusta la nueva mentalidad de recalcar que los jugadores también se pueden divertir sobre el terreno, un movimiento que el jardinero de los Nacionales y reinante Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, Bryce Harper, ha encabezado con sus declaraciones durante los Entrenamientos de Primavera.

Aunque comparto dicha opinión, lo más importante es que otras jóvenes estrellas — y hasta algunos veteranos — piensan lo mismo.

Creo que el demostrar entusiasmo y emoción como jugador ya no debe calificarse como cuestión de cultura. Ahora es cuestión de darse cuenta de que aunque es un deporte muy lucrativo hay que recordar que el béisbol todavía es un juego y existen maneras de expresar alegría — aun respetando al rival — tras un jonrón, un ponche, una buena jugada o una victoria.